miércoles, 19 de julio de 2017

Las gallinas

A veces pienso por qué habrá cosas que le llaman tanto la atención a uno, que como que nos cautivan, nos obsesionan. Y nunca he reflexionado mucho sobre las gallinas, pero si o sí me pasa algo con ellas, no sé si me gustan o qué, pero al menos me importan. Y en realidad es como si me gustara la palabra en sí misma, es como si "gallina" fuera un símbolo, un sonido, un color, una sensación.

Mi hermano dice que tengo un fetiche con las gallinas, y puede ser que sí, no sé cuando nació ni dónde, y he intentado explicarme que quizá me llaman tanto la atención por esos movimientos rápidos y medios dinosaurescos que tienen, o el hecho de que una de mis primeras aproximaciones a ellas, a los tres o cuatro años, fuera ir a molestarlas, persiguiéndolas, y que mi mamá me dijera "no molestes a las gallinas, porque se enojan y después vienen a picotearte, a mí me pasó cuando era chica". Eso me impresionó y dio mucho nervio, ¿Cómo un pájaro tan ridículo iba a perseguirme para picotearme vengativamente?

Un par de años después, como a los cinco, estábamos con mi hermano y unos amigos de nuestra misma edad en un cerro, y nuestro amigo degolló una gallina tirándole el cogote, aunque le costó harto rato matarla porque como era chico y flaco no tenía mucha fuerza. Después, al almuerzo cuando comimos huevo con puré, comenzó a cantar alegremente: "El huevo de la gallina, de la gallina que yo maté". Ese fue el hit del verano y se nos quedó pegado, lo cantábamos todo el día entre risas medias culposas.

En fin, aun no entiendo mi fijación con las gallinas. Esta es una aproximación a ese entendimiento.

domingo, 16 de julio de 2017

imperfecta

No te permití ser imperfecto.
No me permití ser imperfecta para tí.
Y acabé con todo.
Y más tarde descubrí que lo perfecto era enemigo de lo bueno.
Y bueno ya que estamos en estas,
Tú sabes,
Casi siempre te
echo de menos.


jueves, 29 de junio de 2017

Sal

Si no quieres acabar en un manicomio, observa las nubes blancas y alargadas como huesos, mordisquea una galleta, hazte un bonito regalo, lee un libro que te lleve a otro planeta, háblale a los demás sobre tus sentimientos, usa tu cuerpo y tu mente, y cuando estés listo llena tu maleta y sal.

Frío

Últimamente ha hecho frío, 
lo sabes porque lo has vivido. 
Lo sé y por eso te lo digo
no te rías esta vez, te lo pido
Ven, quédate conmigo. 

domingo, 25 de junio de 2017

Azúcar flor, florazúcar

Comimos unos churros en la calle. La media docena valía mil pero tú le pediste a la señora del carrito que te diera sólo tres, y para que le quedara bien claro le indicaste el número tres con tu mano flaca y larguirucha.   

Como éramos dos y había que ser justos, le pediste a la señora que cortara el tercer churro por la mitad y ella te miró con ojos saltones, sacó del aceite hirviendo unos lulos de masa y te los entregó de mala gana. Como si me hubieras leído la mente, mientras caminábamos me explicaste que habías comprado sólo tres churros porque aunque te alcanzaba para media docena no querías gastarte la luca que tenías. “Prefiero invitarte a una cerveza”, dijiste.

Lentamente y sin hablar, tú me contaste tu parte y yo te conté la mía. Mientras nuestros dedos se llenaban del aceite de la fritanga, tú te tragaste de un suácate el medio churro que te quedaba, y tus pantalones negros y tus zapatos lustrados quedaron cubiertos de azúcar y te dio lo mismo. A mi también.   

Dimos unas vueltas a la manzana y yo seguía con hambre. Buscamos un lugar para tomar las cervezas pero ya no tuve ganas de ir a sentarme a un bar después de todo lo que habíamos dicho. Miré la hora y eran las once de la noche, nada tarde, pensé, pero tú estabas cansado. Nos dijimos chao en la entrada de mi edificio y desde la ventana del quinto piso te miré mientras te alejabas.


Cuando entré al departamento me di cuenta de que mis zapatos,  mi vestido y mi chaqueta, también estaban llenos de azúcar flor.

Malandra

Quiero que sepas antes que nada que soy una mujer bastante mala, que muchas veces no cede el asiento a las abuelitas en la micro. No quiero que después digas que no te lo advertí, que te engañé y te pasé gato por liebre. No señor. Soy mala y por eso prefiero decírtelo yo misma sin rodeos, soy mala pero mala de adentro y no porque lo diga yo, soy mala porque son muchas las maldades que he hecho en esta vida y si no me crees anda un día a la Biblioteca Nacional y revisa el archivo de prensa del 23 de agosto de 1991 donde los diarios titularon tal cual: “Hoy nació en Talca la persona más mala”. 
Soy mala aunque por fuera me vea suavecita y bien intencionada, pero de buenas intenciones está lleno el infierno y si de algo estoy segura es que yo cuando me muera me iré directo para allá porque allá es donde quisiera estar, calentita y en llamas. Soy tan mala que me llega a dar gusto, porque si algo he hecho bien en la vida es hacer todo mal: Bailar mal, vestir mal, mentir mal. 

viernes, 23 de junio de 2017

Serenata de una noche penca

La página web de la Yolanda Sultana me dijo que no hay nada que temer, que me quede tranquila no más, que ponga una velita en la tina, y que para hoy mi color es el morado. Pero, puta, yo odio el morado, por qué tienen que hacer los chicles de uva de ese color.
Sabía que no me haría bien, lo sabía. Por eso pienso en mi madre cuando escribo esto, pienso en mi padre, pero a veces pienso más en mis perros. Me encanta esa frase que dijo no sé qué escritor por ahí, que dice que mientras más conoce al humano más quiere a su perro. Fucking perros, los amo, pero también los quiero. Ahora me gustaría estar en Talca, sentada afuera, como a las 3, mientras me llega el solcito de invierno en las pecas. Me gustaría estar en el lugar favorito de los que no tienen lugar favorito. Incluyendo el desierto.