jueves, 15 de junio de 2017

Spoiler

Por favor, no sea un spoiler. No destruya la hermosura y la quietud de un cielo de inminente aguacero, ni le cuente a nadie que un poco más adelante en la historia, ese sonido de flauta acabará ahogado en el lamento de unos perros callejeros, y que esa roja chispa va a terminar en tenue llama.
No le diga usted a esa chica que sus cuentos no los leerá nadie; ni se atreva a interrumpir a esos frenéticos bailarines para comentarles que la canción que tanto gozan acabará por cansarlos.
No lo diga aunque lo sepa, aunque tenga que tragarse el desenlace.
No se haga el pitoniso, no les prediga el futuro ni les lea el porvenir.
Quédese usted solo con el secreto.


lunes, 5 de junio de 2017

Vacaciones

Respirar y pestañear, es lo que más me gusta hacer cuando estoy de vacaciones. Incluso cuando ando media creativa, a veces puedo toser un poco, una o dos veces, o lavar la loza sin que se acumule.
Es obvio porque tengo más tiempo, y también una mente más abierta, dispuesta incluso a ir más allá: ayer me senté y miré por la ventana para ver si pasaba algo, y fue de lo más entretenido porque no pasó nada.

Cuento inclinado

Un día de pleno invierno, la casa comenzó a inclinarse levemente. Se hundía. Cuando vio lo que pasaba, Daniel corrió hacia ella con palos, maderos y rocas para sujetarla, pero para su sorpresa vio también inclinados los pinos, los edificios y las granjas, incluso a los perros y saltamontes: todos estaban medio hundidos, con un lado cayéndose como si se los empezara a tragar la tierra.
Le habían contado que eso pasaría, y él se había jurado que ese no sería su caso, que no se inclinaría aunque tuviera 30 años, la edad culmine en la que los hombres de aquella aldea comenzaban a experimentar los cambios en su cuerpo. Su abuelo Euclides Contreras, que había vivido toda la vida haciéndose el cojo para eludir la norma real de la inclinación, le había enseñado a Daniel algunos trucos para reaccionar si eso pasaba, sólo debía decir: "Oh, no no, soy indigno de inclinarme, aún soy demasiado joven".
Pero sólo era cosa de tiempo para que Daniel fuera descubierto. Era demasiado honesto y no sabía mentir.


sábado, 3 de junio de 2017

20 años

La dulce bebida de esas fiestas estupendas la hizo atraparse en una sensación diferente: No podía moverse. Sus pupilas muertas se dilataron y se sintió como el retrato en blanco y negro de una mujer de veinte años, retocado con repulsivos y vibrantes colores pastel, una imagen sin expresión, capturada por un fotógrafo ambulante que por casualidad y sin preguntarle la fotogafió en sus veinte años, en sus trémulos y despistados veinte años.

Cuando despertó de la visión, sobresaltada pensó en la incertidumbre que le originaba el hecho de no haber estado nunca en contacto con la realidad, y en lo indiferente que era ante su propia muerte. Y de un modo confuso pero urgente se dio cuenta de lo repugnantes que lucían esas minúsculas flores de terciopelo en el sombrero de su madre.




miércoles, 31 de mayo de 2017

La municipalidad más cuica del mundo. p1

En la municipalidad más cuica del mundo, las oficinas tienen asientos reclinables y los murales son táctiles, los baños tienen papel higiénico de seda y espejos son interactivos para indicarte cómo peinarte para agradarles a las señoritas. Los techos están forrados con telas de oro y los lápices corporativos tienen diamantes en su extremo.

Todo, todo, todito todo es muy carísimo en esa municipalidad. Tan, pero tan carísimo que el alcalde ha posado varias veces para la revista Forbes por su flota de yates, pero a la vez el otro día dio una entrevista diciendo que había escogido el servicio público por amor a la comunidad.

martes, 30 de mayo de 2017

Semáforo

Cuando ya estaban demasiado lejos, la mujer lloró. Le perturbaba su presencia, la calificaba de inexplicable y absurda, pero comprendió que ya no había tiempo de bajarse de la máquina y de buscar la salvación en la fuga. Los vidrios gastados de la camioneta reflejaban hostilmente los rayos del sol en su iris, mientras el semáforo daba en amarillo... y en verde otra vez.


jueves, 25 de mayo de 2017

Júpiter

Es raro pero nunca se le vio a Júpiter Morales caminar con el pecho hinchado de alegría por alguna victoria, ni abatido por la pena o por el cansancio, o incluso por las catástrofes naturales de la vida de un adulto. Por el contrario, cuando llegaba del trabajo a su casa a eso de las 6 o 7 am, uno podía fácilmente pensar que nada le importaba demasiado, ni siquiera el hecho de llamarse Júpiter. Todos en el barrio tendían a pensar lo mismo, porque es que tenía un tono de voz suave, un hablar bajito y hasta dulce, y también un poco angustioso. Y en la calle, y en los bares, y en su trabajo… Él era como era. Y si se llamaba Júpiter era nada más por ser el quinto hermano, y porque su mamá creía en la alineación de los planetas y en la astrología. Y por supuesto, en los marcianos.