jueves, 1 de septiembre de 2016

Casualidad

Ayer llegué con tinta en la garganta, me sentía triste sin remedio. Me senté y fumé un cigarro de relajación, escuchando una canción de The Smits que decía i know its over. Imposible no llorar con toda esa inducción casi ritualistica. Mientras eso sucedia me senté a intentar escribir una idea que tenía dando vueltas durante el día, no era tan pretenciosa como otras ideas, era una cosa que sentía verdadera dentro de mí y que solo hablaba sobre las casualidades. Decía así:

Pero cuando cumplí los 20 años, comencé a hacer cosas no tan casuales para parecer casual, como emborracharme para ver si me salía un discurso casual, caminar por ciertas calles para ver si me encontraba casualmente con alguien, o salir a alguna parte para conocer a alguien y quien sabe, tener sexo casual. Y por estos días sigo actuando así de idiota, persiguiendo casualidades para ver si me ayudan a enfrentar lo que me da miedo. Lo casual se ha vuelto deliberado y ni eso ha sido casual, porque nada es casual. (fin)

Y cuando termine de escribir entendí por qué tenía tanta pena y era porque lo qjue acababa de decir evidenciaba mis ganas de controlarlo todo, incluso las casualidades en mi vida. Aun sabiendo que no se puede, que las cosas pasan cuando pasan. Fue un ratl después de pensar esto, que mi hermano me contó que habían encontrado a nuestra perrita de menos de un año muerta en el jardín. No se supo la causa de su muerte pero supuse que eso sí fue solo casualidad.


5 comentarios:

  1. ¿Y si no son ganas de controlarlo todo?
    Yo siento que son las ganas de que algo pase... al menos en mi caso.

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  2. Es difícil salirse de ese enganche de querer controlarlo todo. En cierta manera, esa disposición casi frívola hacia la casualidad es universal y cada uno debe decidir -día a día- si realmente significa felicidad.

    Hay ciertas cosas que simplemente no pueden ser controladas y el corazón bien lo sabe. No te sientas mal por eso. Lo importante es reconocerlo por lo que es y, aunque cueste, trabajar esa honestidad. A lo mejor la tinta está ahí por algo más que sólo manía y el equivocado no eres tú, sino que Morrissey.

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  3. Hace mucho tiempo que evito escuchar a The Smiths o a Morrissey. Cada vez que lo hago, u ocurre accidentalmente mientras voy cambiando la radio o algo por el estilo, me consume una tristeza que escapa totalmente de mi control. Son esas cosas que no se pueden cambiar y que se van ahí acumulando en tu pecho día tras día,

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