No es cualquier cosa pasar por el túnel. Dicen que hay que estar preparado, por si le entra la desesperación a uno, y se vuelve loco, convirtiéndose en maíz, y quedándose ahí para siempre. También dicen que ahí habita la araña más venenosa del mundo, y que si por casualidad uno llega a rozarla, morirá en el tiempo en que me demoro yo en escribir la palabra muerte. Muchas cosas se dicen y se relatan del túnel de maíz, como se dicen muchas cosas sobre muchas cosas...
Yo estuve ahí el otro día. Te acuerdas? Tú también estabas. Hacía un calor del infierno y los mosquitos no nos dejaron ni un segundo. Tu cuerpo transpirado iba tras el mío, estabas más asustado que yo. Cuando entramos, no sabíamos si saldríamos pronto o al otro día, eso no nos preocupaba. Sólo intentábamos caminar recto por aquel túnel tan angosto, y yo, trataba torpemente de hacer a un lado las altas plantas con mis manos, que ya no sentía, manos dormidas que no servían para nada.
Al mirar adelante me mareé y sólo vi una línea. Tu apuntabas hacia allá, a lo lejos donde el maíz se perdía y parecía no terminar. Mazorca tras mazorca, se repetían idénticas, una tras otra, como para burlarse de la razón, y la percepción. ¿Cuándo acabarían? Yo no veía ninguna luz del otro lado. Pero tú, tú me decías que mirara, que parecía una ilusión óptica, que era lo más genial del mundo, y yo me reía. Era cierto, no había opción de ver otra cosa, ninguna otra cosa. Tal vez estuvimos un minuto o dos… o tal vez una hora, o dos semanas… Dicen que el tiempo se pasa volando en el túnel. Yo no sé si debimos entrar allí. Pero pienso que sí. Que entrar contigo en el maíz, me hizo feliz. Pero cuando salimos de ahí, y desperté al otro lado ya no estabas. ¿Dónde se habrá metido?, me pregunté. Y a veces he pensado que tal vez sólo te imaginé, y en realidad nunca estuviste ahí conmigo. Pero algo me dice que en realidad tú también estuviste, y que te acuerdas tan bien como yo, de ese laberinto que cruzamos un día de calor y mosquitos.
F.
lunes, 28 de marzo de 2011
quien, yo?
No es que yo sienta náuseas del mundo, para nada. Es sólo que a veces siento náuseas del mundo. Pero la gente tiende a creer eso, no sé porqué, es raro, yo sentir náuseas del mundo? no sé. lo único cierto aquí es que yo siento náuseas del mundo. Que la gente diga que yo sienta náuseas del mundo, es cosa de ellos, a mí no me importa, porque yo sólo me preocupo de tener náuseas del mundo. sí, nauseas del mundo. Eso es lo que siento, y ese es mi pasatiempo, tener náuseas del mundo, es divertido!! y marea, y da náuseas. Náuseas del mundo, claro.
F.
F.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Que no se te escape.
Cuida bien al niño, que es tuyo pero no. Lo sabrá cuando crezca, ahora no le atormentes, no le cantes esa canción, que puede despertarse... Asegúrate de que esté calientito, cúbrele bien con la manta, tiene frío. Y no apagues la luz, recuerda que le aterra la sombra que se crea en su ventana, parece una silueta de hombre, pero es sólo una canaleta rota que crea una ilusión... sin embargo, él es solo un niño, y ya se ha inventado toda clase de historias para explicar la horrible silueta en su ventana. -hay un hombre afuera. ¿Será un ladrón… o será un santo? pero si fuese un santo no tendría un sombrero como aquél, un sombrero como el de los gánsters en las películas, ¿verdad?– te pregunta. Al parecer ha estado viendo muchas películas. ¿Qué te dije sobre eso? cuida bien al niño, no le llenes la cabeza de payasadas, que pueden dañarle el intelecto.
Parece que despertó y ahora no puede dormir. Quizá esté escuchando como llueve afuera. Yo sigo pensando que este niño se ha puesto melancólico, bucólico, como paisaje de invierno, solitario. No había visto a otros niños de su edad comportarse así. Tal vez deberías sacarlo más seguido a pasear, comprarle autitos, pelotas, en fin cosas de hombrecitos. Quizá así se le quita lo silencioso, quizá así olvida la manía de ponerse a escuchar la lluvia como si ésta le contara secretos, o de poner el oído en el suelo para escuchar quién sabe qué tonterías.
El niño llora, ¿por qué no vas a verlo? Debe ser porque ha cesado la lluvia. ¡Vaya si es consentido! Pero no podemos hacer que vuelva a llover, no somos Dios. Anda a verlo, tal vez deberías cerrarle la cortina para que no siga viendo la silueta de aquel hombre imaginario formada por la canaleta rota que suena por la lluvia… la lluvia que a él le gusta tanto oír. Pero descuida, que no debe estar llorando por nada importante, tonterías de niñez, insisto en que está viendo demasiadas películas, que para él todo es un drama, que él todo lo escandaliza… ¡Aaay estos niños! no sabemos lo que quieren, ni lo que se imaginan en esas cabecitas locas. Al paso que va, olvidará como se llama y te perderá el respeto. No le fomentes la locura, ni le celebres cada invento. Tú solo cuida al niño, que es tuyo pero no. Que ya casi crece -y ya no es tuyo- que se asusta por las sombras, y que insiste en imaginarse toda clase de cosas.

(Le he pedido al niño que dibuje la silueta, y ha quedado así)
F.
Parece que despertó y ahora no puede dormir. Quizá esté escuchando como llueve afuera. Yo sigo pensando que este niño se ha puesto melancólico, bucólico, como paisaje de invierno, solitario. No había visto a otros niños de su edad comportarse así. Tal vez deberías sacarlo más seguido a pasear, comprarle autitos, pelotas, en fin cosas de hombrecitos. Quizá así se le quita lo silencioso, quizá así olvida la manía de ponerse a escuchar la lluvia como si ésta le contara secretos, o de poner el oído en el suelo para escuchar quién sabe qué tonterías.
El niño llora, ¿por qué no vas a verlo? Debe ser porque ha cesado la lluvia. ¡Vaya si es consentido! Pero no podemos hacer que vuelva a llover, no somos Dios. Anda a verlo, tal vez deberías cerrarle la cortina para que no siga viendo la silueta de aquel hombre imaginario formada por la canaleta rota que suena por la lluvia… la lluvia que a él le gusta tanto oír. Pero descuida, que no debe estar llorando por nada importante, tonterías de niñez, insisto en que está viendo demasiadas películas, que para él todo es un drama, que él todo lo escandaliza… ¡Aaay estos niños! no sabemos lo que quieren, ni lo que se imaginan en esas cabecitas locas. Al paso que va, olvidará como se llama y te perderá el respeto. No le fomentes la locura, ni le celebres cada invento. Tú solo cuida al niño, que es tuyo pero no. Que ya casi crece -y ya no es tuyo- que se asusta por las sombras, y que insiste en imaginarse toda clase de cosas.

(Le he pedido al niño que dibuje la silueta, y ha quedado así)
F.
domingo, 6 de marzo de 2011
una frase que encontré
En cada profundidad, se abre otra más profunda, que amenaza con devorarme..
Sé lo que significa. A veces mi cabeza baila en profundidades, en caos, en i-realidades paralelas... Me voy inventando mundos nuevos cada cierto tempo, y cada cierto tiempo, cuando alguien me pellizca vuelvo a despertar a lo próximo, a lo real e inevitable (cosa que a veces me angustia por completo). Y me pongo a pensar... quisiera volver a aquellos mundos en que andaba cuando anoté esta frase -cuyo autor desconozco- que ayer encontré escrita en una hoja cualquiera, nadando entre la sorprendente cantidad de cachureos que soy capaz de acumular.
F.
Sé lo que significa. A veces mi cabeza baila en profundidades, en caos, en i-realidades paralelas... Me voy inventando mundos nuevos cada cierto tempo, y cada cierto tiempo, cuando alguien me pellizca vuelvo a despertar a lo próximo, a lo real e inevitable (cosa que a veces me angustia por completo). Y me pongo a pensar... quisiera volver a aquellos mundos en que andaba cuando anoté esta frase -cuyo autor desconozco- que ayer encontré escrita en una hoja cualquiera, nadando entre la sorprendente cantidad de cachureos que soy capaz de acumular.
F.
jueves, 17 de febrero de 2011
El secreto.
Parece que atraigo las coincidencias, atraigo a gente loca en el metro yo.
Esa gente que no le habla a nadie, que tiene la mirada de zombie puesta en el zapato del que va parado al lado o cualquier otra cosa pequeña y la mira consternado como si fuera lo más espectacular. Sí, ese tipo de gente con las manos en los bolsillos y los pies hacia adentro, gente que silba cancioncillas despacito para no molestar a nadie, esa gente con la camisa dentro del pantalón, y la melena bañada en gel como si tuvieran miedo de que el viento les sacara a tirones el pelo. Gente tímida? No. Es lo que quieren hacernos creer, pero su aspecto es sólo un disfraz para disimular su locura desquiciada y su extravagancia mental.
El otro día, tuve un encuentro con uno de ellos en la línea 1 del metro. Era un tipo adulto y con pinta de oficinista. Con su terno, corbata y maletín, y ese olor fuerte a colonia barata. Lo sé porque iba lo suficientemente cerca de mi nariz como para darme cuenta, y me miró todo el viaje fijamente con cara amistosa. Recuerdo haberme echado un par de veces hacia atrás para guardar la debida distancia (sobre todo si el insistía en acercarse en un vagón que estaba casi vacío). Por eso mismo cuando nos bajamos, esperé que él subiera las escaleras primero y se me perdiera de vista, no porque desconfiara del tipo, sino porque quería evitarlo a toda costa.
Pero cuando lo perdi de vista y comencé a subir las escaleras, ahí estaba, esperándome. Mi cara se desfiguró por un par de microsegundos, pero seguí caminando. "Disculpa", me dijo tomándome el brazo, ¿Puedo hacerte una pregunta? dijo. Mm... Claro, le respondí, y luego aclaró que la pregunta tal vez sería un poco incómoda. "Una pregunta incómoda? Me habrá encontrado cara de anticristo y va a preguntarme si soy creyente, o querrá saber por qué intenté huir de él, no, quizá me pregunte si estoy soltera... pero es demasiado viejo para tener esas intenciones conmigo. Entonces tal vez me rapte y me lleve lejos y luego me descuartice... sí, eso es más probable, pero por qué yo, yo que no le hecho mal a nadie..." Todas esas historias engorrosas pasaron por mi imaginación rápida y mal pensada en los 3 segundos en que me demoré en contestarle. "Sssí claro, dígame" le dije finalmente con más cara de terror que de cortesía mientras intentaba que me soltara el brazo.
Supongo que no se trataba de ningun asesino en serie. Ni mucho menos un hombre de fe, que anduviera convirtiendo a jovencitas rebeldes, ni qué hablar de intenciones amorosas, no sé cómo pude pensar en eso. Resultó que el tipo en realidad estaba de lo más preocupado por mi cutis. Sí, por mi cutis! Quería saber si yo me cuidaba la piel, porque me había estado mirando en el metro y se había dado cuenta de que mi cutis no era el mejor... Por eso me hizo detallarle todo lo que hacia para cuidar mi piel, y me dijo que todo eso no servía para nada, que todo el mundo cometía el mismo error, que las pastillas y las cremas eran pura mentira, que yo era muy bonita para tener esos granitos en la piel, en realidad tan fáciles de sacar, con un secreto tan simple... Y fue ahí cuando me rebeló su secreto. Un secreto que debe haber querido compartir hace mucho tiempo con alguien, pienso yo, porque me lo contó entusiasmado como si me estuviera dando la receta para la cura del cáncer. "Es un secreto que me enséñó un viejito del campo hace mucho tiempo y funciona, lo juro... yo lo hice y mira mi cutis, tengo 40 años y lo tengo perfecto, ninguna marca de acné" Yo no sabía qué pensar... el tipo me estaba dando su tiempo de oficinista ocupado sólo para contarme su secreto, y yo seguía sin entender por qué hacía tal. Finalmente habló: "Lo que vas a hacer, es que cada noche, vas a guardar la última orina del día, y te la vas a echar en la cara" me dijo.
Sé que no era un secreto demasiado higiénico. Sé que tal vez no era él la persona más esperada para contármelo, y que tampoco era el momento más adock, pero me lo había contado, y todo esto mientras esperábamos el próximo metro. Había sido extraño, y aún no sabía qué creer, ni entendía qué le había llevado a él, tal preocupación por mi mal cutis. Pero, fuese como fuese, yo ya tenía su secreto en mis manos, ahora sólo debía hacerle caso, y mi vida se solucionaría. Cuando por fin llegó el metro, me despedí del parlanchin hombre, quien me deseó suerte en todo lo que yo hiciera en la vida, de ahí para adelante. Le dí las gracias, subí corriendo al vagón y respiré profundo.
Por supuesto, nunca he puesto en práctica el secreto, (no sé qué tolero más, si echarme mi propia orina en la cara, o tener unos cuantos granos de vez en cuando) pero supongo que a alguien puede servirle, y así esto se convierte en una cadena de favores... No es mala idea! :)
F.
Esa gente que no le habla a nadie, que tiene la mirada de zombie puesta en el zapato del que va parado al lado o cualquier otra cosa pequeña y la mira consternado como si fuera lo más espectacular. Sí, ese tipo de gente con las manos en los bolsillos y los pies hacia adentro, gente que silba cancioncillas despacito para no molestar a nadie, esa gente con la camisa dentro del pantalón, y la melena bañada en gel como si tuvieran miedo de que el viento les sacara a tirones el pelo. Gente tímida? No. Es lo que quieren hacernos creer, pero su aspecto es sólo un disfraz para disimular su locura desquiciada y su extravagancia mental.
El otro día, tuve un encuentro con uno de ellos en la línea 1 del metro. Era un tipo adulto y con pinta de oficinista. Con su terno, corbata y maletín, y ese olor fuerte a colonia barata. Lo sé porque iba lo suficientemente cerca de mi nariz como para darme cuenta, y me miró todo el viaje fijamente con cara amistosa. Recuerdo haberme echado un par de veces hacia atrás para guardar la debida distancia (sobre todo si el insistía en acercarse en un vagón que estaba casi vacío). Por eso mismo cuando nos bajamos, esperé que él subiera las escaleras primero y se me perdiera de vista, no porque desconfiara del tipo, sino porque quería evitarlo a toda costa.
Pero cuando lo perdi de vista y comencé a subir las escaleras, ahí estaba, esperándome. Mi cara se desfiguró por un par de microsegundos, pero seguí caminando. "Disculpa", me dijo tomándome el brazo, ¿Puedo hacerte una pregunta? dijo. Mm... Claro, le respondí, y luego aclaró que la pregunta tal vez sería un poco incómoda. "Una pregunta incómoda? Me habrá encontrado cara de anticristo y va a preguntarme si soy creyente, o querrá saber por qué intenté huir de él, no, quizá me pregunte si estoy soltera... pero es demasiado viejo para tener esas intenciones conmigo. Entonces tal vez me rapte y me lleve lejos y luego me descuartice... sí, eso es más probable, pero por qué yo, yo que no le hecho mal a nadie..." Todas esas historias engorrosas pasaron por mi imaginación rápida y mal pensada en los 3 segundos en que me demoré en contestarle. "Sssí claro, dígame" le dije finalmente con más cara de terror que de cortesía mientras intentaba que me soltara el brazo.
Supongo que no se trataba de ningun asesino en serie. Ni mucho menos un hombre de fe, que anduviera convirtiendo a jovencitas rebeldes, ni qué hablar de intenciones amorosas, no sé cómo pude pensar en eso. Resultó que el tipo en realidad estaba de lo más preocupado por mi cutis. Sí, por mi cutis! Quería saber si yo me cuidaba la piel, porque me había estado mirando en el metro y se había dado cuenta de que mi cutis no era el mejor... Por eso me hizo detallarle todo lo que hacia para cuidar mi piel, y me dijo que todo eso no servía para nada, que todo el mundo cometía el mismo error, que las pastillas y las cremas eran pura mentira, que yo era muy bonita para tener esos granitos en la piel, en realidad tan fáciles de sacar, con un secreto tan simple... Y fue ahí cuando me rebeló su secreto. Un secreto que debe haber querido compartir hace mucho tiempo con alguien, pienso yo, porque me lo contó entusiasmado como si me estuviera dando la receta para la cura del cáncer. "Es un secreto que me enséñó un viejito del campo hace mucho tiempo y funciona, lo juro... yo lo hice y mira mi cutis, tengo 40 años y lo tengo perfecto, ninguna marca de acné" Yo no sabía qué pensar... el tipo me estaba dando su tiempo de oficinista ocupado sólo para contarme su secreto, y yo seguía sin entender por qué hacía tal. Finalmente habló: "Lo que vas a hacer, es que cada noche, vas a guardar la última orina del día, y te la vas a echar en la cara" me dijo.
Sé que no era un secreto demasiado higiénico. Sé que tal vez no era él la persona más esperada para contármelo, y que tampoco era el momento más adock, pero me lo había contado, y todo esto mientras esperábamos el próximo metro. Había sido extraño, y aún no sabía qué creer, ni entendía qué le había llevado a él, tal preocupación por mi mal cutis. Pero, fuese como fuese, yo ya tenía su secreto en mis manos, ahora sólo debía hacerle caso, y mi vida se solucionaría. Cuando por fin llegó el metro, me despedí del parlanchin hombre, quien me deseó suerte en todo lo que yo hiciera en la vida, de ahí para adelante. Le dí las gracias, subí corriendo al vagón y respiré profundo.
Por supuesto, nunca he puesto en práctica el secreto, (no sé qué tolero más, si echarme mi propia orina en la cara, o tener unos cuantos granos de vez en cuando) pero supongo que a alguien puede servirle, y así esto se convierte en una cadena de favores... No es mala idea! :)
F.
martes, 25 de enero de 2011
tela de araña
¿Qué sentirán las personas cuando matan una araña?
¿Y qué sentirán las arañas cuando son aplastadas por un zapato?
¿Qué sentirán las arañas cuando matan a una persona? sentirán algo?
¿Y qué sentirán las personas cuando son asesinadas sin querer, por una araña?
o mejor...
¿Qué pasaría si a mí me aplastara un zapato?
¿O si yo picara a una araña?
No es que siempre me haga estas preguntas... bueno, a veces sí.
Es que anoche una arañita caminaba por mi brazo y no atiné a matarla. Sólo la soplé y cayó bien lejos... Luego pensé que había cometido un error, porque siempre me enseñaron que si veo una araña, tengo que matarla, pero a ellas también deben enseñarles que si ven a un ser humano, tienen que morderlo para protegerse. ¿Hasta cuándo tanta hostilidad entre especies? lamentablemente si alguien no cede, la guerra entre arañas y humanos seguirá hasta la eternidad.. y las muertes no cesarán. Así que sólo por eso (y porque además no soy ninguna asesina) le he perdonado la vida a esa arañita, para que vaya y le cuente a toda su comunidad, lo buena que he sido con ella.
Ahora, si oso aplasatarla sin querer -lo más probable- es que olvide nuestro tratado de paz y me muerda ... lo cual me mataría rápidamente y toda la concordia se iría a las pailas.
Pero claro, no hay que ser extremistas -a veces las arañas matan sin querer- pienso.
F.
¿Y qué sentirán las arañas cuando son aplastadas por un zapato?
¿Qué sentirán las arañas cuando matan a una persona? sentirán algo?
¿Y qué sentirán las personas cuando son asesinadas sin querer, por una araña?
o mejor...
¿Qué pasaría si a mí me aplastara un zapato?
¿O si yo picara a una araña?
No es que siempre me haga estas preguntas... bueno, a veces sí.
Es que anoche una arañita caminaba por mi brazo y no atiné a matarla. Sólo la soplé y cayó bien lejos... Luego pensé que había cometido un error, porque siempre me enseñaron que si veo una araña, tengo que matarla, pero a ellas también deben enseñarles que si ven a un ser humano, tienen que morderlo para protegerse. ¿Hasta cuándo tanta hostilidad entre especies? lamentablemente si alguien no cede, la guerra entre arañas y humanos seguirá hasta la eternidad.. y las muertes no cesarán. Así que sólo por eso (y porque además no soy ninguna asesina) le he perdonado la vida a esa arañita, para que vaya y le cuente a toda su comunidad, lo buena que he sido con ella.
Ahora, si oso aplasatarla sin querer -lo más probable- es que olvide nuestro tratado de paz y me muerda ... lo cual me mataría rápidamente y toda la concordia se iría a las pailas.
Pero claro, no hay que ser extremistas -a veces las arañas matan sin querer- pienso.
F.
lunes, 24 de enero de 2011
Igual que siempre
No falta mucho tiempo para que me vaya a la montaña, una semana o dos.
Y me siente ahí, quietesita, pensando en que no me tengo,
porque a veces me da por irme lejos de mí.
Y sólo puedo buscarme en los mismos lugares de siempre,
porque soy animal de costumbres.
Siempre tengo las mismas penas, las mismas alegrias, los mismos errores, las mismas caidas.
y cuando me tengo que esconder....
ahí estoy de nuevo! me sigo llamando Fernanda.
Un animal de costumbres inquebrantables... siempre la misma.
Soy tan Obvia!
Y me siente ahí, quietesita, pensando en que no me tengo,
porque a veces me da por irme lejos de mí.
Y sólo puedo buscarme en los mismos lugares de siempre,
porque soy animal de costumbres.
Siempre tengo las mismas penas, las mismas alegrias, los mismos errores, las mismas caidas.
y cuando me tengo que esconder....
ahí estoy de nuevo! me sigo llamando Fernanda.
Un animal de costumbres inquebrantables... siempre la misma.
Soy tan Obvia!
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