jueves, 29 de diciembre de 2016

Qué irónico, Gerónimo

Que irónico Gerónimo, de ser completo anónimo pasaste a ser icónico fenómeno. Apareces en periódicos mostrándote alegórico, paranoico y hasta camaleónico: un día eufórico y al siguiente anémico.

¿Cómo fue que te volviste adicto al tónico, Gerónimo? Qué destino tan ilógico. De tanto andar histriónico de baile en baile eufórico, no fuiste más a conciertos sinfónicos y te volviste robótico.

Ahora estás atónito: olvidaste tus códigos canónicos, perdiste el crédito simbólico y te sientes más exótico que nunca. De nada te sirvieron los rezos maratónicos, los cantos polifónicos en templos masónicos, las inyecciones de colágeno y las pastillas para cólicos. Paradójico.

Y aunque digan que fue el tónico el que te volvió neurótico, tu ya eras bucólico y disfónico antes de volverte alcohólico, Gerónimo.

Pienso en sinónimos pero salen sólo antónimos. Y te veo cada vez más melancólico, lacónico, absorto en aparatos electrónicos. Te noto claustrofóbico, falto de procesos fotosintéticos, clorofílicos y como si fuera poco abusas del diclofenaco sódico.

No tuviste la peste bubónica pero lo tuyo es peor: tienes pena crónica. Me preocupas, Gerónimo. No es bueno verte así de catatónico, espasmódico. 

Y todo por un puto amor platónico.


Ilustración: Henrietta Harris

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