jueves, 6 de marzo de 2014
NARCISO
Cuando besaste a la mujer cabeza de chihuahua, supe de inmediato que vivirías por toda tu eternidad condenado a esa misma melodía, día tras día. Y yo de inmediato me puse a mirarte con ojos de diabla, porque eras la única persona que podría haberla besado y roto el encantamiento. Te dí las gracias y me fuí en busca del hombre palote, un hombre gentil, alto, delgado y bueno para camuflarse en las plantas de frambuesas. Él tiene telepatía así que no necesito besarlo; nos besamos a través de conexiones neuronales intercerebrales que provocan más placer que ningún beso humano, y además me gusta que sea alto, porque así no tengo que mirarlo siempre a la cara cuando le hablo. En cambio a tí te había mirado tanto que tu cara se apolilló en mi memoria. ¿No oyes que la mujer cabeza de chihuahua está llamándote? No deberías estar aqui conversando conmigo, ve con ella y rescátanos de la desgracia de un piano desafinado que sonará en tus oídos por los siglos de los siglos.
viernes, 24 de enero de 2014
Ellos
Quería morir. Disecarme en esa soledad maldita, que de no ser por los espejos, tanto habría disfrutado. Si tan sólo hubiese escapado de ahí. O qué se yo, si me hubiese hecho invisible. Pero no, porque yo nunca escapo, y la nunca deja de perseguirme, la maldita. Al menos hoy veo el lado positivo, si continuaba me destrozaría. Y ya no más, nunca más, me digo. Pero a veces los veo a ellos con sus espejos, sonriendo juntos. Viven sólo en el reflejo de lo que esperan que sea. Ella no es como yo. Y siento pena por haberme querido morir. Siento pena porque, aunque recordé lo sola que estaba, sólo era mi culpa. Él es como ella. Por eso están mirándose. Yo podría haber sido ellos, pero no sonrío tanto.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Paralelos
Me gustas. Pero no busco nada en ti. Sólo mirarte andar en tu universo paralelo. Si me preguntas, yo no quiero nada, sólo pintar mandalas, leer algunos libros o ver películas. Quiero deshacerme de todo lo que soy, borrarme del mundo. Y cuando me haya borrado por completo buscaré a alguien como tú, o simplemente a alguien que odie las mismas cosas que yo. Un compañero con el que tirar piedras, un amigo con el que pueda andar en bicicleta y ensuciarnos con tierra. Un amigo con quien almorzar, para que él cocine y yo lave la losa.
Tierra
Voy sobre un caballo que corre lento, está viejo y le duelen las patas. Voy sobre el caballo porque no quiero pisar la tierra, me duele la tierra porque nací hace mucho tiempo y ya me la olvidé. Y junto al estero veo unas niñas metiendo los pies al barro, y recuerdo que yo hacía lo mismo de niña.
sábado, 30 de noviembre de 2013
La muerte
Me pregunto si la muerte te siguió a ti también. Si notaste una presencia extraña, si alcanzaste a sentir ese frío en la espalda y a contárselo a alguien. Yo no tengo a quien contárselo, pero hace días que me anda siguiendo. He notado que una sombra camina detrás mío con unos pasitos cortos, pero cuando volteo desaparece. Viene haciendo eso desde la semana pasada, pero no sé si deba preocuparme. ¿Crees que deba contárselo a alguien? ¿o hacer algo al respecto? Porque, está bien, es la muerte y hay que tenerle respeto, pero no tengo miedo, sé por qué me viene siguiendo. En realidad yo la llamé. Ella no quería venir todavía, pero yo la llamé y ella es obediente por eso vino. De mala gana, pero vino. Y ahí ha estado todos estos días en el rincón de mi pieza detrás de la puerta, y cree que yo no la he visto.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Forzosa ignorancia
Sé muy bien que sabes que yo sé que los dos lo sabemos. Eso me deja tranquila, hubiese sido amargo ignorar lo que sabemos desde siempre. También sé que a pesar de todo, de lo obvio que es, intentas ignorarlo. No te juzgo porque yo también. Es fácil hacerlo superficialmente pero imposible en realidad, porque escúchame, es inevitable de cualquier modo, cabeza hueca.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Llorando se acaban las penas
Lloré así como llora un cocodrilo en un pantano, con esas lágrimas cocodrilescas que llegan a dar vergüenza. Lloré 37 días y 37 noches con 20 horas y 3 minutos, sin parar, nada me detuvo. Ni las risas de la televisión, ni los hombres guapos, ni las flores que me envió un grupo de extraterrestres intentando consolarme. Pero el último día sucedió algo fortuito, un micrero tenía puesta una canción de Los ángeles negros, exquisitamente dramática, y volveré como un ave que retorna su nidal, verás que pronto volveré y me quedaré. Y ese día paré de llorar. Me cagué de risa.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)