Hoy miro al sol y una aureola negra a su alrededor me dice que vendrán días muy raros.
viernes, 9 de febrero de 2018
martes, 6 de febrero de 2018
Los libros
Los únicos que no decepcionan son los libros, esos nunca cambian de parecer. A lo más, si los prestas, van desaparecer.
lunes, 5 de febrero de 2018
Collage 1
Una obsesión tiránica le recordaba que hacía mucho tiempo se sentía solo, muy solo. Una de esas noches se quedó dormido frente a los alegres rostros de sus huéspedes, y esa noche fue mucho menos triste de cuantas venían sucediéndose desde mucho tiempo atrás. Pero eso no ocurría a menudo, el hotel no siempre recibía turistas hermitaños que quisieran dormir en una vieja casona retirada del mundo. Y menos en tiempo de invierno, cuando la nieve tapaba la mitad de las ventanas y los pinos rebalsados de blanco impedían ver el lago.
sábado, 6 de enero de 2018
Ya casi
Fotografié las esquinas malolientes y los jardines pisoteados.
Debo reconocer que la oscuridad era favorable al olvido de mis prejuicios, y que deambulé por lugares insospechados hasta que me perdí.
Y de pronto recordé que existía la fotosíntesis,
y que al amanecer debía embarcarme,
pero la oscuridad aumentaba mi torpeza.
Las calles desiertas de mi pueblo natal ardían de silencio, y una viejecita encorbada en la vereda me asustó.
Pude descubrir que se trataba de una bruja jubilada, y aunque me invitó a pasar a su cité, preferí quedarme mirando a un gato maullar desde el ciruelo.
Ya casi el sol salía.
Debo reconocer que la oscuridad era favorable al olvido de mis prejuicios, y que deambulé por lugares insospechados hasta que me perdí.
Y de pronto recordé que existía la fotosíntesis,
y que al amanecer debía embarcarme,
pero la oscuridad aumentaba mi torpeza.
Las calles desiertas de mi pueblo natal ardían de silencio, y una viejecita encorbada en la vereda me asustó.
Pude descubrir que se trataba de una bruja jubilada, y aunque me invitó a pasar a su cité, preferí quedarme mirando a un gato maullar desde el ciruelo.
Ya casi el sol salía.
jueves, 2 de noviembre de 2017
Las cuerdas
No, la vida no se acaba pero las cuerdas no se cortan así no
más pero sin querer cortaste una cuerda
de mi guitarra y antes eso no significaba nada pero ahí fue quedando la
guitarra sin poder ser tocada y entonces comenzó a significar el abismo que no
quiero que haya nunca entre tú y yo.
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Chocolatecaliente
Nunca más tomemos juntos chocolatecaliente. Yo porque me quemo y tú porque lo tomas sin ganas sólo por darme en el gusto. Lo descubrí una vez cuando llovía y te dije que fuéramos a tomar un café y tú pediste un mocachino y yo un chocolate caliente. Tenía ganas de tomar hace tiempo pero cuando encontramos un café y nos sentamos, algo andaba mal con la carta: “Está la opción de tomarlo ligero o espeso”, leí en voz alta intentando entender a qué se refería el que lo redactó.
Era confuso que te dieran la opción de tomarlo ligero porque el chocolate caliente siempre ha sido medio espeso, pero por otro lado ofrecían tomarlo "espeso", lo que me hizo dudar si los chocolates calientes que he tomado en mi vida habían sido realmente espesos, y si era posible que existiera en el mundo uno aún más espeso, mucho más espeso del que yo conocía.
Luego de un silencio incómodo el mesero me miró con ojos de huevo duro y me explicó en pocas palabras que "nada, está la opción de tomarlo ligero o espeso". Volví a quedar en las mismas y cuando pasaron unos minutos sin poder decidir comencé a mirarte para buscar tu complicidad, o ya al menos la complicidad del mesero, o por último la complicidad de algún transeúnte que fuera más avanzado en la materia de chocolates calientes y me ayudara a aclarar mi rumbo. Corría viento y se llevó un par de servilletas de la mesa, se empezó a poner más helado y yo no podía escoger, pero el mesero no dijo nada y tú te encogiste de hombros. Por el bien de todos, tuve que decidirme y cuando ya estaba segura le dije que me trajera uno "liviano no más", pero cuando el hombre se iba yendo a la cocina cambié de opinión y le pedí "uno espeso mejor, vamos a ver como es eso".
La taza llegó humeante y a la primera probada ya no pude tomarlo, parecía un flan caliente, la cuchara se quedaba parada sin moverse en medio de la masa dulzona.
Debes haber visto mi cara de decepción, porque me diste tu mocachino y te tomaste tú mi chocolate que parecía budín. Insististe varias veces en que "estaba delicioso" y te lo tomaste sonriendo, saboreándote incluso. "Mmmm que rico" dijiste, aunque tiempo después reconocieras que ese era el chocolate caliente más malo que habías tomado en tu vida.
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