martes, 3 de marzo de 2026

Epitafio de la inexistencia mortal


Imagina que llegas tarde a tu cumpleaños, pero no es tu culpa. Que has estado sentado aquí, y allá, esperando algo.
Luego estás en la terraza fumando un cigarro cuando ves entrar en la sala a alguien llevando un regalo, una caja blanca con cintas. Esa persona -cuyo rostro no puedes reconocer- deja la caja ahí y se olvida de entregártela, y tú supones que es para ti, porque estás de cumpleaños. Así que te acercas para ver lo que es, la abres y descubres que es un hurón, algo que nunca en tu vida quisiste tener. Lo miras, lo hueles, pero inmediatamente lo apartas porque no lo quieres.
Un rato después alguien abre de nuevo la caja -en el futuro, nunca se sabrá quién fue porque el principal testigo muere más adelante en la historia-, y cuando lo vas a ver, el hurón grisáceo ya no está. Entonces detienes la música, apagas el cigarro y dices "hey, todos a buscar".
De un segundo a otro pones a todos de cabeza en la misión, incluso sin querer, rompes unas copas. Pero nada. El hurón no está.
Cuando ya todos se han ido, miras dentro de la piscina rogando por que tu nueva mascota no deseada se haya ahogado, pero resulta que más tarde, antes de ir a acostarte lo encuentras durmiendo dentro de un zapato.
Y entonces exhalas un suspiro, y sales en la noche fría para ver si encuentras a alguien que lo quiera, pero en realidad no te da el corazón para tanta maldad, lo miras directo a los ojitos y te lo quedas.
Ahora, con 26 años, tienes un hurón hediondo que te acompañará para siempre o al menos hasta que se arranque otra vez.


miércoles, 20 de febrero de 2019

Sucedáneo

Vete por donde viniste, puto espíritu maligno de las culpas y las condenas genéticas eternas. Vírate por donde mismo llegaste, complacencia familiar, eterna enajenación retrógrada, tradicional cadena, cúpula de cristal, perfección de crisálida, expectativa ajena, alienante. Ándate a la mierda, persona no real, espejismo que pretende ser yo, sucedáneo barato de mí misma.

lunes, 18 de febrero de 2019

Sueño

Salí un momento al jardín y después preferí quedarme apoyada en el umbral de la puerta para mirarlo desde ese marco perfecto: estaba atardeciendo, el cielo estaba anaranjado, y como ya casi terminaba el otoño, la tarde era tibia. La casa estaba en lo alto de un cerro y eso le daba una vista amplia hacia al fondo, y abajo. Casi al final del jardín había un pequeño bosque.

Era de pasto liso, cuidado, como el de las canchas de golf del club donde viví parte de mi infancia por el trabajo de mi papá. Sobre las colinas había un par de encinas, liquidámbares jóvenes y algunos quillayes meclados con aromos en flor. Se veía amarillo todo el campo.

Apoyada en el marco miré hacia el fondo y vi una fogata. La vigilaban una mamá y su hija pequeña que iban vestidas con ropa antigua, usaban unos vestidos recatados color pastel. Me miraron, desde lejos, como si nos conociéramos, pero no hicieron ningún gesto para saludar.

Yo estaba concentrada en ellas cuando más acá, cerca y a mi izquierda, escuché entre unos matorrales un movimiento como el de un roedor escabulléndose. Cuando me fijé mejor noté que era una coneja dando a luz a 5 gazapitos. En la escena, también había dos búhos grises que observaban de cerca, como atendiendo a la madre para que no hubiera complicaciones en el parto.

De pronto ví como los búhos se las arreglaban para tomarlos a todos en sus patitas, y se los llevaban cruzando el cielo frente a mí: iban a dejar a la coneja y sus pequeños a un lugar más seguro, supuse.

Cuando desaparecieron de mi vista decidí que buscaría un chaleco para abrigarme un poco y salir a saludar a mis amigas del fondo de jardín, así que entré al living de esa antigua casa y busqué entre los sillones mi chaleco, pero no lo encontré.

En cambio, algo en el suelo se movió y capturó mi atención. Era una manta de lanilla negra que se movía hacia mí. Cuando alcanzó mis pies, me caí y ya no pude pararme más. Lo intenté pero algo me atraía hacia el suelo por alguna razón. Desde ahí intenté arrastrarme con los brazos y salir al jardín pero no pude, y angustiada comencé a gritar ¡¡¡papá!!!, lo más fuerte que pude.

Sabía que él no estaba ahí. Que tendría que viajar mucho para llegar tan rápido a la casa en la que yo estaba, a ese pueblo, y a esa parcela, e incluso a esa dimensión -porque comenzaba a sospechar que estaba soñando-, y entonces aún en el suelo ví como se desplegaba una pantalla gigante frente a mí donde apareció un puntito rojo sobre un mapa, moviéndose en tiempo real hacia mi ubicación, avanzaba como cruzando una especie de laberinto: supe que ese puntito era mi papá.

Seguía en el suelo gritando e intentando levantarme cuando desperté en otro sueño, con los codos apoyados en la mesa del comedor de diario de la casa de mis padres. Mi papá estaba cocinando algo mientras me decía "ya estás bien Fernanda", y más allá mi mamá hablaba por teléfono con alguien que supuse era mi abuela, y le decía "aquí está, bien. Sólo volvió a tener el típico sueño de la casa en el campo".



martes, 29 de enero de 2019

Lavar la ropa

Al final de esos meses, poco pude hacer por su corazón tormentoso y dark. Parecía que en cualquier momento iba a tirarse al metro si algo malo sucedía y yo no quería ver eso porque le tengo miedo a los muertos.

Para no ser tan mala gente le prometí en secreto que en otra vida haría por él lo más que pueda, aunque después de prometerlo pensé en lo difícil que sería cumplirlo si en la vida siguiente no nos reconocíamos, porque cuando uno se reencarna o nace de nuevo, lo hace con otra forma física y astral, por eso antes de morir hay que acordar una señal para que la otra persona sepa que eres tú.

Yo le dije que me reconociera por el olor a detergente de mi ropa. Fue lo único que se me currió que mi nueva yo podría heredar de la vieja.

martes, 12 de junio de 2018

Metanoticia

Durante esta jornada supimos la triste noticia de dos periodistas que murieron atropelladas por una ambulancia mientras cubrían la noticia de un insólito atropello a dos periodistas por culpa de una ambulancia que iba camino a socorrer a dos periodistas atropelladas por otra ambulancia.

lunes, 28 de mayo de 2018

Verdadera Aguilera

Aguilera siempre será Aguilera, nada la supera. Si la vieran. Anda con lo justo en la cartera, canta en la bañera y a menudo lava sus poleras. Y como si eso poco fuera, no es cuentera ni latera: es certera. A veces, cuando uno menos lo espera, ella cruza flotando la acera y se sincera, como si nadie al rededor la viera. La vez primera que la ví fue en primavera, ella comía empanadas caseras, yo compota de pera. Vaya fiesta en la rivera. Fuera como fuera, y aunque yo no lo supiera, ese día saludóme Aguilera, como si de antes me conociera. (hoy toco madera, ni Dios quisiera que su amistad perdiera).
Fin.

sábado, 3 de marzo de 2018

Detergente urgente

A veces, paso mis penas lavando loza.
hacerlo es como purgar una herida sucia, sarnosa.
"La marihuana no es la mejor consejera" me dijo una vez mi viejo
que sabe mucho del tema
Por experiencia propia yo también lo aprendí
ahora pago mis culpas usando Quix
El detergente que lo limpia todo,
-menos mi boca, mi mente, mi cuerpo-
agito de forma frenética la esponja
ojalá se forme una espuma tan grande que lave todo
Es la higiene
que no tuve durante todo este tiempo
"excesiva higiene tampoco es buena"
me dijo una vez mi mamá
pero esto no es lo mismo, se trata de otra cosa.

jueves, 15 de febrero de 2018

Sin señal


Llegué siguiendo la orilla del río. Bajo un sol de norte que no perdonaba, partí andando a mediodía por un camino de tierra uniforme, angosto, rodeado de rocas. Estaba sola y sin señal, a unos 10 kilómetros de la ciudad más próxima, y tan alto que al llegar se me taparon los oídos. 
Cuando parecía que no habría nada más que cerros, comenzaron a aparecer unasc casitas de adobe y paja. Tras tocas varias veces, de una de las puertas salió una señora gorda y con la piel quemada por el sol que me hizo pasar a su casa. Dentro estaba fresco, y me ofreció sentarme en la silla frente a la ventana y también me regaló una bolsa de naranjas. Allá, en el valle, las naranjas caían del cielo y si no estabas mirando podían noquearte. Difícil no mirar ese cielo celeste, tan lejos del Chile conocido, tan surcado por el viento seco y mineral. Al salir de ahí, después de dos horas conversando, no quería irme. Iba a volver a la nada, no sabía con qué me iba a encontrar después. El suelo estaba tan árido que sólo lo manchaba la sombra de un pimiento. Esperé a que llegaran a buscarme, y nunca más vi a esa señora cuya casa era, por lejos, la más bonita de La Higuerita.

viernes, 9 de febrero de 2018

Días muy raros

Hoy miro al sol y una aureola negra a su alrededor me dice que vendrán días muy raros.

Domingos

Pase lo que pase, lo domingos siempre muero un poco. Son los días más tristes del año.

martes, 6 de febrero de 2018

Los libros

Los únicos que no decepcionan son los libros, esos nunca cambian de parecer. A lo más, si los prestas, van desaparecer.

lunes, 5 de febrero de 2018

Collage 1

Una obsesión tiránica le recordaba que hacía mucho tiempo se sentía solo, muy solo. Una de esas noches se quedó dormido frente a los alegres rostros de sus huéspedes, y esa noche fue mucho menos triste de cuantas venían sucediéndose desde mucho tiempo atrás. Pero eso no ocurría a menudo, el hotel no siempre recibía turistas hermitaños que quisieran dormir en una vieja casona retirada del mundo. Y menos en tiempo de invierno, cuando la nieve tapaba la mitad de las ventanas y los pinos rebalsados de blanco impedían ver el lago.

sábado, 6 de enero de 2018

Ya casi

Fotografié las esquinas malolientes y los jardines pisoteados.
Debo reconocer que la oscuridad era favorable al olvido de mis prejuicios, y que deambulé por lugares insospechados hasta que me perdí.
Y de pronto recordé que existía la fotosíntesis,
y que al amanecer debía embarcarme,
pero la oscuridad aumentaba mi torpeza.
Las calles desiertas de mi pueblo natal ardían de silencio, y una viejecita encorbada en la vereda me asustó.
Pude descubrir que se trataba de una bruja jubilada, y aunque me invitó a pasar a su cité, preferí quedarme mirando a un gato maullar desde el ciruelo.
Ya casi el sol salía.

jueves, 2 de noviembre de 2017

Las cuerdas

No, la vida no se acaba pero las cuerdas no se cortan así no más pero sin querer cortaste una cuerda de mi guitarra y antes eso no significaba nada pero ahí fue quedando la guitarra sin poder ser tocada y entonces comenzó a significar el abismo que no quiero que haya nunca entre tú y yo. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Chocolatecaliente



Nunca más tomemos juntos chocolatecaliente. Yo porque me quemo y tú porque lo tomas sin ganas sólo por darme en el gusto. Lo descubrí una vez cuando llovía y te dije que fuéramos a tomar un café y tú pediste un mocachino y yo un chocolate caliente. Tenía ganas de tomar hace tiempo pero cuando encontramos un café y nos sentamos, algo andaba mal con la carta: “Está la opción de tomarlo ligero o espeso”, leí en voz alta intentando entender a qué se refería el que lo redactó.
Era confuso que te dieran la opción de tomarlo ligero porque el chocolate caliente siempre ha sido medio espeso, pero por otro lado ofrecían tomarlo "espeso", lo que me hizo dudar si los chocolates calientes que he tomado en mi vida habían sido realmente espesos, y si era posible que existiera en el mundo uno aún más espeso, mucho más espeso del que yo conocía.
Luego de un silencio incómodo el mesero me miró con ojos de huevo duro y me explicó en pocas palabras que "nada, está la opción de tomarlo ligero o espeso". Volví a quedar en las mismas y cuando pasaron unos minutos sin poder decidir comencé a mirarte para buscar tu complicidad, o ya al menos la complicidad del mesero, o por último la complicidad de algún transeúnte que fuera más avanzado en la materia de chocolates calientes y me ayudara a aclarar mi rumbo. Corría viento y se llevó un par de servilletas de la mesa, se empezó a poner más helado y yo no podía escoger, pero el mesero no dijo nada y tú te encogiste de hombros. Por el bien de todos, tuve que decidirme y cuando ya estaba segura le dije que me trajera uno "liviano no más", pero cuando el hombre se iba yendo a la cocina cambié de opinión y le pedí "uno espeso mejor, vamos a ver como es eso".
La taza llegó humeante y a la primera probada ya no pude tomarlo, parecía un flan caliente, la cuchara se quedaba parada sin moverse en medio de la masa dulzona.
Debes haber visto mi cara de decepción, porque me diste tu mocachino y te tomaste tú mi chocolate que parecía budín. Insististe varias veces en que "estaba delicioso" y te lo tomaste sonriendo, saboreándote incluso. "Mmmm que rico" dijiste, aunque tiempo después reconocieras que ese era el chocolate caliente más malo que habías tomado en tu vida.

jueves, 17 de agosto de 2017

Posverdad

En tiempos de la posverdad te quedas con la primera palabra, con la primera imagen.
No escarbas dentro de los libros, dentro de las mentes, en las lenguas de las gentes.
En tiempos de la posverdad no acudes a primeras, a segundas, a terceras fuentes.
No cotejas, no cuestionas, no contrastas lo que escuchas con lo que te transmiten.
Dices que no tienes tiempo suficiente.
Que el tiempo no alcanza.
Pero si no alcanza para saberla, menos para decirla.

domingo, 6 de agosto de 2017

Aullido

Sería mucho mejor -pensó-, olvidar esta sensación debajo de la piel, y dejar de teorizar sobre aquellos tiempos que separaron nuestros mundos aplazados.

"Lamento mi melancolía" -dijo al fin, al hombre que la esperaba en la puerta- pero dispararon muchos fuegos artificiales antes de que usted llegara. No tengo ganas de salir esta noche, espero me comprenda.

Dicho esto entró nuevamente en la casa, acallando una vez más el aullido extraño e infortunado de su cuerpo, que ya no era tan suyo.



miércoles, 19 de julio de 2017

Las gallinas

A veces pienso por qué habrá cosas que le llaman tanto la atención a uno, que como que nos cautivan, nos obsesionan. Y nunca he reflexionado mucho sobre las gallinas, pero si o sí me pasa algo con ellas, no sé si me gustan pero al menos me importan. Y en realidad es como si me gustara la palabra en sí misma, es como si "gallina" fuera para mí un símbolo, un sonido, un color, una sensación.

Mi hermano dice que tengo un fetiche con las gallinas, y puede ser que sí, pero no sé cuando nació ni dónde, y he intentado explicarme que quizá me llaman tanto la atención por esos movimientos rápidos y medios dinosaurescos que tienen, o el hecho de que una de mis primeras aproximaciones a ellas, a los tres o cuatro años, fuera ir a molestarlas, persiguiéndolas, y que mi mamá me dijera "no molestes a las gallinas, porque se enojan y después vienen a picotearte, a mí me pasó cuando era chica". Eso me impresionó y dio mucho nervio, ¿Cómo un pájaro tan ridículo iba a perseguirme para picotearme vengativamente?

Un par de años después, como a los cinco, estábamos con mi hermano y unos amigos de nuestra misma edad en un cerro, y nuestro amigo degolló una gallina tirándole el cogote, aunque le costó harto rato matarla porque como era chico y flaco no tenía mucha fuerza. Después, al almuerzo cuando comimos huevo con puré, comenzó a cantar alegremente: "El huevo de la gallina, de la gallina que yo maté". Ese fue el hit del verano y se nos quedó pegado, lo cantábamos todo el día entre risas medias culposas.
.

jueves, 29 de junio de 2017

Sal

Si no quieres acabar en un manicomio, observa las nubes blancas y alargadas como huesos, mordisquea una galleta, hazte un bonito regalo, lee un libro que te lleve a otro planeta, háblale a los demás sobre tus sentimientos, usa tu cuerpo y tu mente, y cuando estés listo llena tu maleta y sal.

Frío

Últimamente ha hecho frío, 
lo sabes porque lo has vivido. 
Lo sé y por eso te lo digo
no te rías esta vez, te lo pido
Ven, quédate conmigo.