Me gustas. Pero no busco nada en ti. Sólo mirarte andar en tu universo paralelo. Si me preguntas, yo no quiero nada, sólo pintar mandalas, leer algunos libros o ver películas. Quiero deshacerme de todo lo que soy, borrarme del mundo. Y cuando me haya borrado por completo buscaré a alguien como tú, o simplemente a alguien que odie las mismas cosas que yo. Un compañero con el que tirar piedras, un amigo con el que pueda andar en bicicleta y ensuciarnos con tierra. Un amigo con quien almorzar, para que él cocine y yo lave la losa.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Tierra
Voy sobre un caballo que corre lento, está viejo y le duelen las patas. Voy sobre el caballo porque no quiero pisar la tierra, me duele la tierra porque nací hace mucho tiempo y ya me la olvidé. Y junto al estero veo unas niñas metiendo los pies al barro, y recuerdo que yo hacía lo mismo de niña.
sábado, 30 de noviembre de 2013
La muerte
Me pregunto si la muerte te siguió a ti también. Si notaste una presencia extraña, si alcanzaste a sentir ese frío en la espalda y a contárselo a alguien. Yo no tengo a quien contárselo, pero hace días que me anda siguiendo. He notado que una sombra camina detrás mío con unos pasitos cortos, pero cuando volteo desaparece. Viene haciendo eso desde la semana pasada, pero no sé si deba preocuparme. ¿Crees que deba contárselo a alguien? ¿o hacer algo al respecto? Porque, está bien, es la muerte y hay que tenerle respeto, pero no tengo miedo, sé por qué me viene siguiendo. En realidad yo la llamé. Ella no quería venir todavía, pero yo la llamé y ella es obediente por eso vino. De mala gana, pero vino. Y ahí ha estado todos estos días en el rincón de mi pieza detrás de la puerta, y cree que yo no la he visto.
sábado, 23 de noviembre de 2013
Forzosa ignorancia
Sé muy bien que sabes que yo sé que los dos lo sabemos. Eso me deja tranquila, hubiese sido amargo ignorar lo que sabemos desde siempre. También sé que a pesar de todo, de lo obvio que es, intentas ignorarlo. No te juzgo porque yo también. Es fácil hacerlo superficialmente pero imposible en realidad, porque escúchame, es inevitable de cualquier modo, cabeza hueca.
jueves, 21 de noviembre de 2013
Llorando se acaban las penas
Lloré así como llora un cocodrilo en un pantano, con esas lágrimas cocodrilescas que llegan a dar vergüenza. Lloré 37 días y 37 noches con 20 horas y 3 minutos, sin parar, nada me detuvo. Ni las risas de la televisión, ni los hombres guapos, ni las flores que me envió un grupo de extraterrestres intentando consolarme. Pero el último día sucedió algo fortuito, un micrero tenía puesta una canción de Los ángeles negros, exquisitamente dramática, y volveré como un ave que retorna su nidal, verás que pronto volveré y me quedaré. Y ese día paré de llorar. Me cagué de risa.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Phineas
¿Cuánto llevaba ese trozo de hierro allí arriba, en su cabeza?, quizá un año o dos. No recordaba cuándo había sido el fatal y bizarro accidente que logró incrustar una vara de hierro de dos metros en el lóbulo frontal de su cerebro. Sólo sabe que dejó de sentir. Dejó de tocarla, de mirarla. Ella no decía nada, pero lloraba. Amaba a Phineas Gage más que a sí misma.
Pedir, pedir y pedir.
Queremos que nos pongan la ropita, que nos laven con agua tibia, que nos den nuestra comida a todas horas. Luego queremos cortarnos el pelo, queremos adelgazar, ser atractivos, vernos bien con nuestra ropa, nuestro estilo. Pero no basta porque después seguimos queriendo, queremos que nos quieran, queremos cantar bonito, tener éxito en el trabajo, buenos libros que no tendremos tiempo de leer, una pareja divertida, un perro grande, una casa en el sur. Aún así después queremos hijos, pero hijos bonitos, hijos exitosos, inteligentes. También queremos tener dinero, honor, libertad y cierta tranquilidad. Queremos que nos reconozcan por el bien que hicimos, por el mal que no hemos hecho. Después queremos que esos hijos nos den nietos, que nos vengan a ver, estar la próxima navidad aquí, o en nuestro próximo cumpleaños.
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